martes, 15 de octubre de 2013

No creo en el destino, aunque me gane siempre la partida

Este blog no tiene un por qué. Surgió al hilo de un juego, como siempre ocurre, como una diversión. Sin venir mucho a cuento, un día recordé la canción de Lennon "I don't believe" y pensé que su lista era demasiado corta, había que ampliarla. 

Desde luego, material no falta. Querido amigo, querido político, querido delincuente, querido Presidente de la Galaxia, querido Don Nadie, querido bicho viviente o muerto..., si la has cagado y me entero es posible que te señale. No es que eso importe mucho, seguirás tan ufano, volverás a las andadas incluso con más energía, pero para mí serás un impresentable. 

Trataré de que no prevalezca mi capricho, intentaré ser ecuánime, no le daré publicidad gratis a mis demonios personales, porque esto pretende ser algo más abstracto que el relato de mi vida y de mi experiencia. 

Además, no sólo fallan las personas sino las ideas mismas y por eso quiero ponerlas en evidencia, no confiar en lo preestablecido y de apariencia razonable, porque tal vez me decepcione. 

No puedo ser exhaustivo ni vivir al compás del presente que marcan los medios de comunicación, porque tampoco creo en ellos. Conversaré con los que dejaron su pensamiento impreso en un libro y prestaré atención al decir de la gente, a la sugerencia perpetua que se eleva desde la calle, a la vida cotidiana, con sus padecimientos y alegrías, a los anhelos y a la nostalgia. Trataré de anular olvidos, de aupar a los discretos y de doblar a los prepotentes. Todo ello sin pautas marcadas, no quiero encorsetarme demasiado antes de empezar.

No me atengo a las leyes escritas, por valerme de Sócrates en Antígona, y puesto que me he atrevido a poner esto en marcha, prescindo de mi pudor y hasta de cierto recato. Sé que, en cierto modo, me expongo y lo asumo, para bien y para peor; si eso ha dejado de importarte, si te atreves incluso a señalar la paja en el ojo ajeno, puedes estar seguro de que la viga que tienes delante del tuyo es una secuoya de envergadura, pero al fin y al cabo cada uno cree en lo que quiere y yo sólo intento decir que creo en mucho más de lo que parece. Para empezar, creo en todo lo contrario de aquello en lo que no creo. Echen cuentas...

Empiezo con el destino y esa sensación de ya vivido, de que estaba escrito, de que iba a suceder, de que no se tuerce la premonición. No voy a explicarlo más, basta con la frase del título, breve y contundente.

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